miércoles, 7 de mayo de 2014

Relativamente atrayente.

¿Por qué ahora siento las ganas de atraerte? ¿Por qué quiero que te acerques y que me huelas? Que se te quede grabado mi aroma... No lo comprendo. Y no consigo entenderlo porque hace apenas unos meses me eras totalmente indiferente, uno más.
Y no sé cuándo dejaste de ser "él es uno más", y empezaste a ser "él". Pero también sigues siendo uno más... de los pensamientos que me vienen a la cabeza, de las ideas locas que no abandonan mi mente...
Te aseguro que no se quita con el "duermo y se me olvida", porque no serían suficientes las horas de un año para dormir y que no te colases en mis sueños. Maldito intruso. Juraría que era yo la que abría y cerraba la puerta. ¿Acaso te he dejado entrar? ¿Lo he hecho sin darme cuenta? Estaría dormida. Sería en un sueño. Pero despierta te veo, y me quedo mirándote porque estás ahí.

Enhorabuena... si entraste con intención de ser un pensamiento pasajero, has acabado pasando a la realidad. Pero, ¿quién determina cómo de real es esto? ¿Lo digo yo, lo siento, lo pienso, o se determina sólo? En serio... ¿debo creerme? Que hasta ahora, cuando aparecías, no me he fiado de mí ni de lo que pensaba. Pero vivo conmigo, y cuando ahora me pregunto, sólo me puedo responder que sí. Que hay un (gran) parte de mí que te comería a besos. La otra no sabe si es a ti o a cualquiera que me haga caso. Pero empieza a ser más grande la primera; la que comienza a quedarse demasiado tiempo mirándote.
Qué peligro... Estás prohibido.
No debo mirarte tanto. Eso no está bien, no lo está.

¿De verdad? ¿Dónde está el límite? ¿Lo hay o me lo impongo yo? Odio tantas preguntas que se calman con un "sólo tú lo sabes", porque no sé qué es lo que sé. Yo qué sé, quién sabe.

No hay comentarios:

Publicar un comentario