Soy una de las personas más orgullosas que puedas conocer, puedo negar lo evidente más de mil veces.
Soy de las que ven una película de amor y se queda llorando hasta pasados los créditos.
De las que cuando están tristes, se pasan la tarde comiendo helado y palomitas... escuchando canciones que sientan peor.
De las que dan doscientas vueltas a la cabeza al irse a la cama y al despertarse no se acuerdan de la mitad.
De las que promete que no volverá a tropezar con la misma piedra pero tiene tentaciones de saber qué pasará.
De las que se propone metas imposibles y no para hasta que le ponen los pies en la tierra.
De las que intenta animar con más de una sonrisa.
De las que escucha música de todo tipo según el estado de ánimo.
De las que no se quedan sentadas llorando porque alguien le haya hecho daño, sino que coge y la devuelve a la primera de cambio.
De las que la lluvia no les amarga el día.
De las que sale bailando por la puerta de casa.
De las que se pasa horas y horas en el teléfono para no decir realmente nada.
De las que cuando se hace una foto se coloca el pelo antes de hacerla.
Y, lo más importante, una persona que ha aprendido a querer de verdad.
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